HOY ES SIEMPRE TODAVÍA


Y podrás conocerte, recordando
del pasado soñar los turbios lienzos,
en este día triste en que caminas
con los ojos abiertos.
De toda la memoria, sólo vale
el don preclaro de evocar los sueños

miércoles, 23 de diciembre de 2009

FELIZ NAVIDAD

Las navidades pasan y lo único que queda es el agradable recuerdo de las personas con las que la compartes. Es un tiempo especial que nos empuja a recordar los olvidados y nos invaden los buenos deseos las esperanzas y los sueños. Compartimos nuestra vida y nos abrimos a la bondad y a la búsqueda de la justicia. Pero a veces nos olvidamos del verdadero significado de la navidad.

Debemos intentar llevar la navidad a aquellas personas que no pueden ni soñarla. El mejor regalo que puedes hacer a otra persona y a ti mismo es regalar la vida o una mejora a aquellas personas que se les ha negado tener una vida digna.

lunes, 21 de diciembre de 2009

ME VOY PARA QUE NUNCA ME OLVIDES

Es cierto que la soledad nos empuja hacia nuestro interior. Es cierto también que la soledad nos hace descubrir saberes ocultos, sentires que quizás no sabíamos que estaban en nosotros e incluso realidades que nos perturban y hasta nos puede asustar el admitirlas, es también verdad que en la soledad, en nuestra soledad, es donde podemos hallar alguna respuesta a la incertidumbre o a la inestabilidad que a veces anímicamente experimentamos.La soledad buscada suele ser hermosa, agradable el vivirla, novedosa cuando nos dejamos llevar por ella. Pero en el sentir humano, la soledad siempre tiene dos caras, como quizás todos los sentires y la mayoría de las vivencias. Cuando uno se busca a si mismo, cuando uno busca la verdad de dentro, la que nos habita, es evidente que necesitamos esos instantes solitarios que favorecen nuestra incursión hacia el interior. Pero existe la otra cara de la soledad, es esa soledad que te toma por sorpresa, esa soledad que te hace caer en la cuenta que lo de alrededor, lo que nos rodea, ya no nos llena, y en nuestro interior tampoco sentimos paz, ni sosiego.

La luna se veia grande y plateada sobre los pinos negros y hacía blillar misteriosamente las viejas piedras de las ruinas.
Momo y Gigi estaban sentados en silencio el uno al lado del otro y se miraron largamente en ella: Sintieros con toda claridad que, durante ese instante, ambos eran inmortales